En los Juegos Olímpicos de 1968 en México, el atleta estadounidense Dick Fosbury, utilizó una nueva técnica de salto de altura, que se conoció pronto como la Fosbury flop, batió el record olímpico y se hizo con la medalla de oro. Cuatro años más tarde, en los Juegos Olímpicos de 1972 de Múnich, una competición para la que Fosbury no pudo clasificarse, 28 de los 40 competidores de salto de altura habían adoptado el Fosbury Flop, y la última vez que se vio la antigua técnica straddle en unos Juegos Olímpicos fue en Seúl 1988. Con el triunfo Olímpico en México como su mayor logro, Fosbury desapareció del mundo del atletismo, pero no sin dejar una marca indeleble en el deporte, siendo elegido en 1993 miembro del Salón de la Fama Olímpica de Estados Unidos.
Este ejemplo resulta oportuno cuando aún en nuestras retinas permanecen los logros de los Juegos de París 2024, pero además resulta muy útil para ilustrar, por lo menos, dos similitudes con la difusión de las tecnologías sanitarias: Fosbury obtuvo su récord utilizando una técnica nueva (tecnología innovadora) frente a la tradicional, que al ser copiada por el resto de atletas hizo que mejoraran sus marcas, y una segunda, que el período para una efectiva adopción de la técnica (tecnología sanitaria) puede resultar mucho más largo de lo que parecería deseable. En el caso Fosbury, 20 años.
Grafico 1. La evaluación de tecnologías sanitarias y su difusión
Fuente: WHO. (2011). Health technology assessment of medical devices - WHO Medical device technical series. Geneva: World Health Organization.
En el caso de la incorporación de tecnologías sanitarias (TS) a la práctica clínica habitual, los ejemplos de incorporación tardía de tecnologías efectivas son numerosos: el uso de corticoides en la amenaza de parto prematuro[1] o la perfusión percutánea en el infarto agudo de miocardio[2] son algunos de ellos.
En cualquier caso, algunos de los factores que limitan la velocidad de incorporación de las TS son necesarios y propios del proceso. La evaluación no se puede limitar a la seguridad y la efectividad de la misma; es necesario analizar otras dimensiones como la aceptabilidad, el impacto económico, los aspectos organizativos, éticos y sociales. Este procedimiento requiere que se realicen rigurosos informes por parte de las agencias de evaluación de tecnologías sanitarias y del análisis, debate y aprobación en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS). En este sentido, el Informe sobre la situación actual y perspectivas de futuro del sistema sanitario define como limitaciones para alcanzar acuerdos la lentitud y, en ocasiones, la escasa concreción de las medidas acordadas en el CISNS[3].
También, en otras ocasiones, se dispone de resultados prometedores pero no lo suficientemente sólidos como para generalizar la intervención[4], circunstancia que solo con más investigación, en diferentes contextos, podrán ser contrastados.
Otros factores son organizativos y no siempre acompañan al ritmo adecuado a la incorporación de nuevas prestaciones en la Cartera de Servicios: la formación de los profesionales en las técnicas específicas, el acompañamiento en la implementación, la dotación de todos los recursos materiales necesarios, las modificaciones en los procesos afectados, la difusión de los protocolos y la incorporación de profesionales y pacientes en el proceso de implantación son elementos que no deben ser relegados.
Pero la rapidez en la toma de decisiones no es suficiente. Debe tenerse en cuenta la incorporación sostenible, eficiente y equitativa de nuevas tecnologías sanitarias. La determinación del valor de una tecnología sanitaria no puede ser separada de los valores y del contexto en los cuales la tecnología se considera implementar, y debe responder a las prioridades del sistema y de la ciudadanía a la que da respuesta.
El fin último al que orientarse es incrementar la capacidad proactiva del SNS en la incorporación ágil de aquellas tecnologías que demuestren ser seguras, eficaces, eficientes y adaptadas a los valores, prioridades y necesidades del propio sistema, basada en una evaluación robusta y consistente que permita tomar decisiones fundamentadas sobre su acceso[5].
Palabras clave: fosburyciclo de vida de las tecnologías sanitarias
Bibliografía
[1] Crowley P (1989). Promoting pulmonary maturity. In: Chalmers I, Enkin M, Keirse MJNC, eds. Effective care in pregnancy and childbirth. Oxford: Oxford University Press, pp 746-762 [2]Keeley EC, Boura JA, Grines CL. Primary angioplasty versus intravenous thrombolytic therapy for acute myocardial infarction:a quantitative review of 23 randomised trials. Lancet. 2003;361:13–20. [3]Consejo Económico y Social de España. El Sistema Sanitario: Situación Actual y Perspectivas para el fututo, Informe 1/2024 [4]García Pérez L, Cantero Muñoz P, Hernández Yumar A, Puñal Riobóo J, Paz Valiñas L, Toledo Chávarri A, et al. Evaluación del programa de cribado de cáncer de pulmón. Madrid: Ministerio de Sanidad; 2023ç [5]Plan estratégico de REDETS 2022-2025 Ministerio de Sanidad