El informe realizado por el National Institute for Health and Care Research en 2024 aborda, una vez más, las desigualdades en salud, poniendo el foco en la atención primaria, en concreto en los resultados en la atención a enfermedades crónicas (cáncer, enfermedades cardiovasculares, diabetes y enfermedad pulmonar obstructiva crónica).
Su principal aportación es metodológica, la revisión realista, que pretende explicar cómo y por qué las intervenciones políticas complejas funcionan en contextos específicos, intentando responder a cuestiones como: ¿qué funciona para quién, en qué contextos y por qué? ¿Cómo influyen los contextos específicos en la eficacia de las intervenciones? ¿Cuáles son los mecanismos clave que impulsan los resultados? El valor de este método radica en la importancia de comprender los mecanismos a través de los cuales las intervenciones producen resultados y los factores contextuales que influyen en estos mecanismos[1].
El informe justifica el estudio, basándose en que en el Reino Unido, la brecha en la esperanza de vida entre los más ricos y los más pobres está aumentando y se debe principalmente a diferencias en enfermedades crónicas como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y las enfermedades respiratorias, como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Las desigualdades, en parte, en el Servicio Nacional de Salud surgen de las demoras en las consultas médicas y en la atención médica, como las demoras en las pruebas.
El trabajo tiene una doble vertiente: en primer lugar, explorar cómo los servicios de medicina general pueden aumentar o disminuir las desigualdades en cáncer, enfermedades cardiovasculares, diabetes y enfermedad pulmonar obstructiva crónica, en qué circunstancias y para quién. En segundo lugar, aporta una guía para la medicina general, tanto para las consultas locales como para el sistema general, con el fin de reducir las desigualdades.
Los resultados del estudio informan que las desigualdades en la medicina general son el resultado de procesos complejos en diferentes áreas. Estos incluyen la financiación y la fuerza laboral, las percepciones sobre la salud y la enfermedad entre los pacientes y el personal sanitario, los procedimientos cotidianos de la atención y las relaciones entre las personas y las comunidades. Para reducir las desigualdades en la medicina general, es necesario actuar en todas estas áreas, y los servicios deben estar conectados (es decir, vinculados y coordinados en todo el sector), ser interseccionales (es decir, tener en cuenta que la experiencia de las personas se ve afectada por muchas de sus características, como su género y posición socioeconómica), flexibles (es decir, satisfacer las diferentes necesidades y preferencias de los pacientes), inclusivos (es decir, no excluir a las personas por su identidad) y centrados en la comunidad (es decir, trabajar con las personas que recibirán la atención al diseñarla y prestarla). No existe una única intervención que haga que la medicina general sea más equitativa; más bien, requiere un cambio organizacional a largo plazo basado en estos principios.